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Ana Alvarado escribió en su Tesis ‘El Objeto de las Vanguardias del siglo XX en el Teatro Argentino de la Post-dictadura ‘:
“El cuerpo del actor, su carnalidad, esa expresividad que pareciera no tener límites, frente a la materia dura del objeto, rígido, neutro, mecánico, puede llegar a percibirse frágil y endeble. Cosidad contra carnalidad es la batalla. Batalla en la que el objeto esgrime su materialidad. Es justamente ahí en dónde reside su valor. Es en su limitación en dónde habitan su fortaleza, en su gesto sintético y expresivo, en su clara intención y su estilización potencial.”

Los objetos nacidos en el dada tuvieron en Kantor el más importante artifice de su traslado a la escena. Desde que se conoció su trabajo un puente pareció tenderse entre las grandes experiencias de las artes visuales, los objetos y antiobjetos nacidos de ellas y la escena dramática. Pero, además, influyó enormemente en el Teatro de Muñecos o Títeres. Este aspecto es mucho más desconocido y los entrecruzamientos entre este tipo de teatro y el surrealismo, Jarry, el dadá o incluso el hapenning han sido poco estudiados pero son relevantes. Excede este trabajo la Historia del Arte de los Títeres; sin embargo, en esta sección, se hará referencia a algunas de las técnicas desarrolladas por ese lenguaje.
En el campo del Teatro de Objetos, nacido de sucesivas transformaciones del teatro oriental de títeres, de figuras y de sombras, el objeto de Duchamp, de Beuys, de Kantor, de Santantonin, etc. es sometido a un procedimiento escénico tan antiguo como el teatro mismo: la manipulación.
Objetos inútiles, indiferentes, contradictorios, delirantes, sexuados, irónicos, provisorios, irracionales, simbólicos e inestables dependen de la trivial manipulación humana para moverse en la escena.
En la dialéctica sujeto-objeto aparecen junto con su presencia en la escena nuevos interrogantes:
– ¿Objeto manipulado y Sujeto manipulador?
– ¿El muñeco antropomórfico es un humano degradado o un modelo para el hombre?
En El Otro por sí mismo, dice Baudrillard: “El objeto es un fait accompli. Carece de finitud y de deseo, porque ya ha alcanzado su fin, en cierta manera es transfinito. Inaccesible, por lo tanto al saber del sujeto, porque no existe saber de lo que ya posee todo su sentido, y, por consiguiente, no hay utopía porque ya se ha realizado. En ese punto, el objeto es un enigma permanente para el sujeto. En ese punto es fatal.?

En el Teatro de Objetos, el objeto puede ser utilizado de diferentes modos:
· Uno, el más conocido, sería un objeto contruido especialmente para la escena.
· Otra modalidad abarcaría a los objetos que, con alguna alteración o perturbación, pueden ser utilizados también como objetos que encarnan un personaje.
· Y el tercer caso es el de los objetos elegidos o encontrados utilizados en la escena como personajes, sin ninguna modificación en su forma.

La definición convencional del concepto “teatro? es “actores (o sea gente viva) y sus acciones dentro de entornos definidos y con objetos escénicos apropiados a esas acciones?. En el Teatro de Objetos, cambia la función tanto de éstos como de las personas: el actor puede prestar su voz y la impresión de movimiento al personaje, pero la apariencia visual de este personaje es proporcionada por un objeto.
El movimiento al que es sometido el objeto es lo que sugiere que lo que se ve es la “casi vida? del objeto ya que, obviamente, a pesar de ser capaz de accionar en la escena, su vida no es más que una proyección de la imaginación humana. Es un objeto queriendo ser un ser vivo, transformándose en personaje. Su papel es el de un ser vivo, pero limitado por la materia muerta que lo constituye. Es en esta contradicción en donde reside su encanto, en ese lugar donde entran en contacto la materia y el espíritu.
El Teatro de Objetos, como todas las vanguardias y neo vanguardias artísticas de los últimos 50 años, le debe mucho al culto del “objeto encontrado?, al “assemblage “ y a la hibridación y yuxtaposición de signos con cualidad de metáfora.
En este tipo de teatro, el objeto real, físico, artificial, irracional, encontrado, construido, perturbado o interpretado es sometido a una acción, a un procedimiento frente al público, por un sujeto (su manipulador) que acciona sobre este objeto de tal modo que no es posible asegurar dónde termina uno y comienza otro.
El Teatro de Objetos trabaja en la investigación de las múltiples variantes en el vínculo objeto actuante y sujeto manipulador-actor, siempre partiendo, por una parte, de la cualidad metafórica del objeto, más allá de su función previa y, por otra, de su carácter de personaje que vive por la sumatoria de su tensión latente y la tensión transmitida por el manipulador. El objeto tratado como tal y usado como accesorio del actor, no entra dentro del universo del Teatro de Objetos.
Aunque el límite entre el Teatro de Actores y el Teatro de Objetos, necesario sólo para determinar un campo de estudio, suele ser difuso, en principio es Teatro de Objetos aquel en que el objeto no es un apéndice del actor sino que encarna al personaje por la sumatoria de la tensión interpretativa del sujeto-actor que le da vida y la tensión latente del objeto. Es protagonista de la acción.
Las posibilidades vinculares entre objeto, personaje y manipulador-actor son numerosas, las que han sido más desarrolladas hasta el momento son las siguientes:
– El objeto como parte visible en la escena manipulado por un intérprete invisible, ambos funcionando como el mismo personaje.
– Un objeto y un actor-manipulador, ambos visibles como el mismo personaje.
– Un objeto y dos o más actores-manipuladores funcionando como el mismo personaje. Visibles o no.
– Dos o más objetos encarnando varios personajes, manipulados por un solo actor-manipulador, visible o no, desdoblándose en esos personajes.
– Un objeto y un actor manipulador, visibles, funcionando dialécticamente, uno en las antípodas del otro, incluso como adversarios. El actor se desdobla en su personaje y en el personaje del objeto.
– También pueden el objeto y su manipulador funcionar como el mismo personaje y aparecer una tercer instancia: La voz del objeto emitida no por su manipulador sino por un emisor separado físicamente del objeto y del sujeto que lo manipula.

Otra posibilidad del Teatro de Objetos es la inclusión del actor vivo (no manipulador), en pendant con el objeto- personaje que puede ser manipulado en forma visible, invisible ( a distancia, por ejemplo) o incluso mecánicamente. De este vínculo surge una nueva confrontación que tiene infinitas posibilidades de experimentación:
Un personaje puede ser representado por el objeto y el actor indistintamente, en forma alternada o incluso a la vez. Este recurso escénico es utilizado generalmente cuando se quiere producir un efecto de duplicación. El objeto, en este caso, remitiría a un doble idealizado, una copia imaginada y fabricada según las necesidades. Incluso puede ser una copia exacta del modelo humano, pero siempre tendrá esa potencialidad expresiva reservada solo al mundo objetal.
Otro caso es el de los objetos y los actores interactuando como si perteneciesen al mismo universo, adecuándose visualmente. Por ejemplo, el actor puede enmascararse o deshumanizarse en su gestualidad, acercándose a la dinámica objetal. O el actor puede colocar su propio fervor ante los ojos del público en lugar de esconderlo en un punto de gravedad invisible, como sucede con el manipulador, cuando trabaja con su objeto.
Los objetos pueden humanizarse adquiriendo la proporción humana o en el caso de los antropomórficos, ser concebidos y movidos de modo hiperrealista.
Pueden también ser autómatas, que se mueven por sí mismos aunque lo humano esté sobreentendido.
En todos estos casos, las variables se vuelven muy inquietantes. La dialéctica sujeto – objeto cobra una enorme dimensión.
Este actor, que es en apariencia muy superior en expresividad y movilidad a cualquier objeto, no obstante puede llegar a verse inseguro e imperfecto frente a la contundencia y precisión del objeto.
¿Lo demostrado por un objeto podría ser demostrado por un actor humano?
Por lo general, no. Por ser un individuo, ningún actor es, por ejemplo, capaz de crear la representación de un ser humano generalizado, como lo haría un objeto antropomórfico. En este caso, el objeto hasta puede ser capaz de ayudar al actor a superarse y encontrar el camino hacia una nueva forma de gesto y de expresión.
Pero en todos los casos lo que sí habrá será una permanente tensión en busca, o no, del equilibrio, de una síntesis. Una “subjetivación? del objeto frente a una “objetivación? del actor o un enfrentamiento declarado.
Nada se resuelve. Ambas partes se interrogan, deben hacerlo para abarcar y compartir equitativamente el nuevo territorio creado.
La historia de este vínculo tiene puntos de inflexión. En el período romántico y aún en los finales del siglo XIX, hubo voces que argumentaron la superioridad del objeto-actor sobre el actor vivo. Pensaban en el objeto como un actor virtual, sin ambiciones personales, fiel a las intenciones del autor y superando las limitaciones biológicas y humanas.
Gordon Craig afirmaba que la marioneta tenía que reemplazar al actor vivo. El hombre, creado por la naturaleza, era para él una injerencia extraña en la estructura abstracta de una obra de arte. Craig consideraba al hombre, sometido a pasiones diversas y en consecuencia, al azar; como un elemento extraño a la estructura de una obra de arte y de su carácter fundamental: la cohesión. Cien años antes Kleist (contemporáneo de Poe y Hoffman) había exigido que el actor fuese reemplazado por una marioneta, además de porque el hombre, sometido a las leyes de la naturaleza, era una injerencia extraña en una construcción del intelecto, por el papel nefasto del control permanente de la conciencia incompatible con los conceptos de encantamiento y belleza.
Nace la pasión maníaca por inventar un mecanismo que supere al organismo humano: El Hombre Artificial y su versión degradada: los autómatas.
Y luego, Tadeusz Kantor y su “objeto como modelo para el actor?. La muerte y la nada que transmite una criatura aparentemente viva pero privada de conciencia, provocan al mismo tiempo empatía y rechazo. La vida expresada por la falta de vida.
En el Teatro de Objetos actual, el objeto no reemplaza al actor. Si en un espectáculo de Teatro de Objetos fuera posible reemplazar a un objeto por un actor sustituto, sin que importara el cambio, habría una falla en la concepción. El objeto debe estar en escena cuando su cosidad viviente es significante, cuando su presencia estructura no sólo la forma sino también el sentido de la obra.
En este tipo de teatro el objeto real, físico, artificial, irracional, encontrado, construido, perturbado o interpretado es sometido a una acción, a un procedimiento frente al público, por un sujeto (su manipulador) que acciona sobre este objeto de tal modo que no es posible asegurar dónde termina uno y comienza otro. Este sujeto puede además desdoblarse y “ser? el personaje que encarna el objeto pero también ser “el otro? que se encarna en su cuerpo humano. Y puede haber un “otro-otro?, el actor no manipulador, que interactúa con el objeto y su manipulador-actor “como si? todos perteneciesen al mismo universo.?

Tesis completa: Ana Alvarado (25 páginas).


Publicado el Miércoles 13 de diciembre de 2006